¿De qué te extrañas? ¡Empezaron por cambiar la Misa!

Editorial: Radicati nella fede, enero de 2017

Boletín de la comunidad católica de Vocogno, Diócesis de Novara, Italia.

Comenzamos el nuevo año, como siempre lleno de expectativas.

Junto a estas expectativas también estamos llenos de temores, teniendo en cuenta las revueltas aguas de confusión en las que ahora estamos inmersos. Confusión, ya que prácticamente no hay nada que se quede estable en el mundo y la situación es infinitamente peor para nosotros en la Iglesia.

En un tiempo la confusión del mundo fue aplastada por la robusta estabilidad de la Iglesia de Dios. Los hombres necesitan una roca firme para construir sobre y dentro de la Iglesia que encontraron esa composición estable que les dio la confianza necesaria para afrontar las luchas de sus tiempos.

Los tiempos pueden ser inciertos y confusos; las almas pueden experimentar momentos de incertidumbre en la lucha interior que transcurre entre la gracia y el pecado; pero ¡la Iglesia no! La Iglesia que nos habla de Dios y nos da a Dios, debe ser la Madre, que, en la agitación de los tiempos, se mantiene firme, un refugio seguro en las tribulaciones de la vida.

¿Y qué será de las almas comprometidas en esta lucha, si no tienen este refugio seguro? ¿Qué será de ellos si al intentar escapar de la confusión del pecado, encuentran una Iglesia perennemente “en acción”, comprometida en cambiar y modificar todo continuamente, en una ansiosa búsqueda de novedad? Una casa en construcción es un lugar inhabitable, no se puede vivir en él: las almas pueden quedarse por un tiempo, y si se van no vuelven.

Esto es precisamente lo que experimentamos en la Iglesia de hoy: fluctuación moral, disciplina incierta, administración desordenada de los sacramentos, liturgia improvisada, autoridad ausente…; una vida eclesial llena de “depende”, “necesitamos ver”, “necesitamos adaptarnos”, “necesita ser interpretado”, “no hay necesidad de exagerar”, etc.

No hay manera de evitarlo, es lo opuesto a una casa llena de la paz de Dios.

Muchos están despertando al hecho de que esta situación no es normal – ¡no es católica! –

Muchos están despertando al hecho; están empezando a hablar de ello, con el riesgo, sin embargo, de no llegar al fondo de la misma. Todos los “conservadores devotos” que están alarmados por la confusión después de Amoris Laetitia (re: las incertidumbres sobre la disciplina del matrimonio cristiano) son entrañables, pero no estaban tan sorprendidos por la nueva misa que llegó antes. Todos los que quieren que la Iglesia vuelva a su noble estabilidad también son entrañables, pero también lo hacen a uno enojar un poco, pues nunca han enfrentado completamente el problema de la liturgia reformada.

Sí, estos conservadores devotos son a la vez entrañables y lo hacen enfadar a uno al mismo tiempo, porque al no haber entendido el corazón del asunto, se suman a la confusión que ya abunda en la Iglesia.

Queremos decirles, con toda sinceridad: “Pero ¿por qué están tan sorprendidos de verlo, si ya han cambiado la misa?”

¿Qué revolución caótica no es ahora imposible en la Iglesia por parte de aquellos que no tenían reparos en revolucionar la misa? ¿Qué aspecto de la vida cristiana permanecerá estable si la misa de Cristo y su Iglesia no ha permanecido así?

Es cierto que a lo largo de los siglos, de vez en cuando, se han hecho adiciones a la misa católica. El texto para el ofertorio es, por ejemplo, medieval, el gloria no estaba en sus inicios, pero todos los “cambios” no cambiaron nada: simplemente aclararon la misa que ya existía, la liberaron de posibles ambigüedades de interpretaciones a lo largo del tiempo y profundizaron la conciencia en el celebrante y en los fieles.

En resumen, las adiciones no añadían nada a la sustancia, y los ligeros cambios no cambiaban nada.

No fue así con la reforma post-conciliar: trabajó una revolución que ha cambiado las conciencias. Aquellos que la aceptan, deben entonces aceptar que la vida de la Iglesia ahora se concibe más allá de la Revelación, en cambio perenne, sin límites. La revolución es progresiva, es sólo cuestión de tiempo.

¡No se escandalicen entonces por la confusión, preocúpense por la misa!

Al comienzo de este nuevo año, confirmamos nuestra fidelidad a la “misa de los tiempos”, la única fuente de paz para todos los fieles católicos.

Sí, a la “misa de los tiempos”, que nunca fue cambiada, ni revolucionada, sino que se hizo más clara y purificada de adiciones extrañas. Sí, a la “misa de los tiempos”, aunque  la generación reciente de liturgistas se ría de este término. Se ríen para evitar enfrentar el problema, para evitar estudiarlo en profundidad, para evitar salir de la “corte” de los expertos que contribuyen a la mentira de una Iglesia que está haciendo lo que quiere con su posesión más preciosa de Cristo: “Haz esto en memoria mía”.

La “misa de los tiempos” es nuestra única paz: la única paz para todo creyente que verdaderamente quiere pertenecer a Cristo.

(Traducido por Rocío Salas. Artículo original)

Visto en Adelante la fe | ¿Por qué estás sorprendido con la situación actual? ¡Si ya han cambiado la MISA!

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