Confusiones profundas sobre el buen combate

Apostillas mínimas a un texto de Roberto de Mattei: Antonio Socci nos dice cómo librar el buen combate.

Que la crisis actual no hunda sus raíces en el papado bergogliano, sino que éstas se remonten al menos al Concilio Vaticano II, si no antes, es otra historia.

No es otra historia, sino la clave para entenderlo todo, y no se avanzará realmente nada mientras no se entienda que seguimos anclados en el error del Concilio Vaticano II sino que al contrario se le dé carta de naturaleza al mismo como a todas sus obras, dichos y milagros. 

no creo que Socci pueda negar que se está librando una guerra civil en el seno de la Iglesia.

Por lo recién comentado, querrá decir realmente: una guerra civil en el seno de la iglesia conciliar, que es muy distinto. Los conservadores que aceptan de corazón y con sinceridad el concilio (y su ilegítima y descatolizante misa, et alia) y le hacen una lectura conservadora (valga la redundancia), frente a los progresistas de pro que hacen la verdadera lectura (la verdadera intención del concilio-trampa) de seguir avanzando mas y mas. Así, por la aceptación del concilio (insistimos, sincera y de corazón) los conservadores siempre irán lastrando en el último vagón de los lentos, pero en el mismo tren de la revolución que los modernistas conducen a toda máquina: una estrategia perdedora. Sencillamente hay que denunciar y rechazar ese concilio, empezando por un rechazo interior, pero no vemos que eso esté sucediendo, y ya van 50 años.

La comparación con una guerra civil es evidentemente una metáfora que señala un clima de desencuentro doctrinal que se da por primera vez en la historia moderna de la Iglesia: obispos contra obispos y cardenales contra cardenales

¿Por primera vez en la historia moderna? Depende de lo que se entienda por “moderna”. El profesor de Mattei es experto en historia de la Iglesia. Díganos entonces: ¿Que fue lo que pasó en el desarrollo del mismo Concilio Vaticano II? Y después, ¿habrá que ignorar a Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer? ¿Habrá que ignorar la FSSPX? La guerra civil empezó en el Concilio Vaticano II, no acaba de empezar ahora, esto es una disputa entre mas o menos mencheviques contra bolcheviques de pro en el seno de la iglesia conciliar

El desacuerdo no es sólo hermenéutico. Hay un enfrentamiento entre dos modos opuestos de concebir la moral católica. Que un mismo documento sea interpretado de maneras diversas demuestra hasta qué punto está justificado hablar de confusión

Los árboles que no dejan ver el bosque. Esa confusión es fruto precisamente del carácter deliberadamente ambiguo que se le quiso dar al concilio y a sus documentos, que es lo que legitima tanto una interpretación X, como una interpretación Y, o una interpretación Z a la medida. Es todo lo contrario al si, si; no, no, y ya sabemos por tanto de donde proviene. Desde el concilio se viene jugando este juego, ¿de qué nos extrañamos, pues? 

Aferrarse a una determinada interpretación conservadora es una táctica perdedora de antemano porque al jugar el juego de las interpretaciones y las consecuencias de estas se está acudiendo a librar el partido en cancha contraria y con el árbitro vendido. Por tanto, en el juego de las hermenéuticas quizás se puedan ganar algunos partidos pero el torneo está perdido, porque la victoria de la revolución galopante no consiste en ganar las partidas sino precisamente en que el juego se juegue. 

Laicistas y modernistas se valen del insulto, la mentira, la calumnia y la desinformación. El estilo de los que defienden la Verdad debe ser diferente, tanto en las palabras como en los hechos.

Depende de como se entienda esto. Si nos dicen que no hay que dar guantazos no lo aceptamos. Si nos dicen que hay que dar guantazos pero tan elegantes como potentes, entonces lo aceptamos. Esto es una guerra, estamos en guerra como siempre lo estuvimos y nos encontramos ahora en una etapa de intensa actividad bélica, posiblemente la última. 

El problema es que después de 50 años nunca vimos ni ganas ni potencia y ni tan siquiera reacción alguna dentro del seno de la iglesia conciliar. Solo ahora empieza a ver cierta oposición leve, pero ni con buenas ni con malas maneras: no es que no lleguen a dar una bofetada suave sino que no pasan ni de las caricias. 

el responsable de la confusión y el escándalo es, por desgracia, un papa que gobierna legítimamente la Iglesia, al menos hasta que se demuestre lo contrario

Efectivamente, siempre lo vimos de este modo, porque es legítimo sospechar pero sin pruebas no se puede acusar. Aunque lo que si se puede y se debe hacer es actuar para ponerse a salvo, entendiendo la obediencia siempre del modo correcto, nunca de modo ciego, o lacayuno, o cobarde, o porque resulte ser lo mas cómodo.

Aunque volviendo al “hasta que se demuestre lo contrario”, y por hacer un planteamiento hipotético: ¿Que consecuencias tendría el descubrimiento de pruebas irrefutables sobre la pertenencia a la masonería de Roncalli, Juan XXIII? Ahí lo dejamos. 

Al citar como modelos a los cardenales Burke y Caffarra, Antonio Socci parece darnos a entender que pretende luchar de ese modo. Igual que nosotros.

Mal asunto. Siendo el problema el Concilio Vaticano II nos ponen como ejemplo y modelo, no solamente en las formas sino en los hechos y en las palabras, a hombres que se reconocen como verdaderos fieles y leales al concilio y sus héroes.

Nada, los conservadores conciliares seguirán recociéndose dándole vueltas y mas vueltas al bucle esquizofrénico de las hermenéuticas. Guerra perdida de antemano. Ya lo decimos: Mal asunto.

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