Yo soy esa excepción

por Rebecca Kiessling

Me adoptaron al poco tiempo de haber nacido. Hasta los diez años no supe que era fruto de la violación brutal a punta de cuchillo de un violador en serie.

Como la mayoría de las personas nunca me había planteado el tema del aborto pero, a partir de ese momento, empecé a considerar cómo éste incidía directamente en mi propia existencia. Me retumbaban en la cabeza las opiniones de la gente que, en el tono más despreocupado, decían: ” Bueno, excepto en casos de violación” o peor: “Especialmente, en casos de violación”. Ellos no me conocen pero se permiten valorar mi vida por la manera concreta en que me concibieron. Me siento en la obligación y con la responsabilidad de demostrarles que yo tenía el mismo derecho a nacer que cualquier otro y que mi vida no es despreciable, como me han dicho alguna vez, sino que vale exactamente igual que cualquier otra.

Quienes se declaran partidarios del aborto o están a favor de la excepción en el caso de violación tendrían que tener la valentía de mirarme fijamente a los ojos y decirme: “Pienso que tu madre debería haberte abortado”. Yo nunca podría decirle algo similar a nadie. Es como si te dijesen que si de ellos dependiera, estaría muerta. Pero yo vivo esta situación. Están equivocados cuando me dicen: “Yo soy partidario del aborto en el supuesto de la violación y, si naciste, es porque en los años 1968/69 no estaba contemplado este supuesto”. Y se quedan tan anchos y no profundizan más. Y no se percatan de que duele mucho. Tengo la esperanza, como niña concebida en una violación, de poner los puntos sobre las íes a esta situación.

Hay quien me dice que tuve, simplemente, suerte, pero estoy segura de que mi supervivencia no tiene que ver con la suerte. Estoy viva gracias a una sociedad pro vida que luchó, sí, para que el aborto fuera ilegal en Míchigan, incluso en caso de violación. No tuve suerte, me protegieron. ¿Podrían afirmar, pues, que los niños abortados diariamente no tienen suerte?

Hoy mi madre está feliz por habernos encontrado pero ella me ha confesado que intentó abortarme ilegalmente en dos ocasiones. Tras la violación la misma policía la remitió a una especie de ” consejero” para estos casos que no dudó en recomendarle el aborto como la mejor salida. En aquellos tiempos no existían los centros de apoyo y ayuda a la mujer gestante y la pusieron en contacto directamente con los abortistas. Pero las condiciones para el aborto eran tan precarias- un piso clandestino sucio y una mesa para la intervención llena de sangre por todas partes- que salió huyendo de allí, como hicieron, también, tantas mujeres.

Para un segundo intento se puso en contacto con un abortista más cara. Las condiciones eran que se encontraría con alguien por la noche, cerca del Instituto de Arte de Detroit. Se acercarían a ella por la espalda, le dirían su nombre y le taparían los ojos. La sentarían en el asiento trasero del coche y la conducirían al abortorio clandestino y, una vez realizado el aborto, como si de sacar una muela se tratase, la devolverían al mismo lugar. ¡Es patético! Pero estoy segura de que mucha gente movería la cabeza y aún comentarían, apiadándose de mi madre biológica, que es horrible todo lo que tuvo que hacer la pobre para conseguir abortarme. ¡Cuánta sangre fría! Mi madre hoy está bien y siguió con su vida pero, si hubiese conseguido abortarme, yo no estaría aquí. Cuando estaba en el vientre de mi madre era “yo”, igual que a los cuatro días o cuatro años. ¡Y me podrían haber asesinado!

Según las investigaciones del Dr David Reardon, director del Instituto Elliot, co-editor del libro Victims and Victors: Speaking Out about Their Pregnancies, Abortions and Children Resulting From Sexual Assault, y autor del artículo “Rape, Incest and Abortion: Searching Beyond the Myths”,la mayoría de las mujeres que quedan embarazadas tras una violación no desean abortar y, es más, se siente aún peor si lo realizan. De esto se deduce que la opinión de mucha gente respecto a la idoneidad del aborto en los casos de violación se basa en supuestos erróneos:

1) La mujer violada desea abortar.
2) Es positivo para ella hacerlo.
3) La vida del hijo engendrado no merece la pena y no es ni planteable seguir con la gestación.

Espero que mi historia y otras similares que podéis encontrar en la red ayuden a reconsiderar el mito existente sobre la excepción del aborto en los casos de violación.

Desearía contar a modo de epílogo que mi madre no deseaba abortarme tras la violación, fue convencida para hacerlo. Gracias a Dios el carácter agrio y mal hablado del segundo abortista del callejón oscuro provocó que se asustase y renunciara al intento. Cuando le comunicó por teléfono que había decidido tener a su bebé la despreció y la insultó. No desistió el abortista en su propósito y al día siguiente la llamó insistiendo y volvió a repetirse el mismo cuadro de insultos. El tiempo fue pasando y en el tercer trimestre del embarazo la dejaron en paz ya que el aborto en estados tan avanzados sería mucho más caro y peligroso. Estoy contenta de haber salvado mi vida. Muchos cristianos de buena voluntad se alegran  por mí y me dicen:”Mira, tenía que ser así” Pero yo sé que la Voluntad de Dios es que todos los niños engendrados nazcan y se salven y no puedo quedarme de brazos cruzados diciendo: “Pues sí, sí que tuve suerte”. ¿Podrías hacerlo tú? Si lo hiciera así, no sería yo misma. Sería alguien distinto, tal vez compasivo por fuera pero terriblemente fría y vacía de contenido por dentro. Alguien puede interesarse por la humanidad, por la mujer pero si me ignora a mí y a tantos otros como yo porque molestamos y somos el recuerdo de hechos que son mejor no recordar, si no encontramos un lugar en sus agendas…

En la Facultad de Derecho mis compañeros me decían: ” Si te hubiesen abortado no estarías aquí y no conocerías nada de esto. Así que nada echarías de menos. ¿Dónde está así la diferencia?”

Parece surrealista pero los grandes filósofos pro abortistas  esgrimen este mismo argumento: El feto no sabe qué pasa así que no es capaz de extrañar su propia vida. Entonces si apuñalamos a alguien por la espalda mientras duerme, como tampoco sabe qué ha pasado sería correcto? Yo les argumentaba a mis compañeros que sí: ” Yo te mataré hoy porque mañana no estarás aquí para saber qué ha pasado” estaría bien. Entonces, ellos se quedaban boquiabiertos. Parece mentira lo importante que es poner un poco de lógica y sentido común a las cosas y se supone que esto es lo que nos enseñaban en la Facultad de Derecho. Y, cuando lo haces y meditas, te das cuenta de la cruel realidad: Que hay vidas que no existen porque fueron abortadas. Es como ese viejo refrán que dice:” Si en un bosque se cae un árbol pero no hay nadie que se entere, ¿se ha caído?” Pues sí, se ha caído. Y si se aborta un bebé y nadie se entera, ¿lo han matado? Pues sí, y eso importa. Tu vida importa, la mía importa, todas las vidas importan y no permitas que nadie te haga creer lo contrario.

Hoy las cosas son distintas en el mundo porque cuando yo fui concebida el aborto era ilegal y, gracias a eso, hoy estás aquí sentado leyendo mi historia. Y no hace falta que tú impresiones a una audiencia con una conferencia sino tan sólo que seas testimonio de que las personas abortadas de cualquier generación sí que importan.

Una de las cosas más importantes que he aprendido es que un violador no es mi creador por mucho que haya personas que se afanen para que lo piense. Mi valía se establece no por ser consecuencia de una violación sino porque soy hija de Dios. El Salmo 68,5-6 declara: Padre de huérfanos… es Dios en su santa morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados; y el Salmo 27:10 nos dice que Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Dios con todo me recogerá. Yo sé que no existe estigma en ser adoptado.

El Nuevo Testamento nos dice que Dios nos adopta como Hijos suyos a través de Jesucristo Nuestro Señor así que la adopción tiene un papel muy importante como reflejo de su Amor por nosotros.

Sé, y así se lo voy a enseñar a mis hijos, que su valía no depende de las circunstancias en las que fueron concebidos, de sus hermanos, sus compañeros, de su hogar, de su ropa, su inteligencia, de sus riquezas, de sus capacidades o limitaciones. Todo esto, son baremos impuestos por la sociedad. Muchos conferenciantes expertos en motivación explican a sus audiencias que serán felices si consiguen alcanzar un prestigio o estatus social pero no se dan cuenta de que, muchísimas personas, no lo podrán nunca alcanzar. Entonces, ¿nunca serán nadie? Las personas no tenemos que exhibir ante nadie nuestras capacidades.  Y, si de veras quieres saber cuánto vales, lo que tienes que hacer es mirar al Calvario. Porque ése es el precio que Cristo pagó por tu vida y que tiene valor incalculable e infinito. Él cree que yo soy bastante valiosa y tú también.  ¿Se animan a apoyar conmigo el valor de la vida sin excepción?

Para todos ustedes que no crean ni en Dios ni en la Biblia y que se declaran, por ello, pro abortistas, les animo a que lean mi libro: ” El Derecho de no matar al niño sin nacer”, un enfoque de la filosofía de Derecho. Les aseguro que vale la pena.

Visto en Salvar el 1

rebecca-kiessling

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