La Iglesia, no la oposición política, cortó la continuidad del franquismo

Nota: negritas y coloreado son nuestros.

por Pío Moa

Sin embargo, ud admite que el régimen no tenía intención de cambiar, de ceder el paso a una democracia.

R.  Es cierto… en parte. Lo que pasó, y casi ningún historiador ha entendido, es que el franquismo quedó vacío de ideología a raíz del Concilio Vaticano II. Siempre insisto en esa evidencia, que no se quiere ver. Como le dije, la oposición al franquismo fue comunista y terrorista, pero siempre fue débil, y el franquismo tuvo desde el principio el designio de institucionalizar un régimen que superase tanto al comunismo como a la democracia liberal. Pero dentro del franquismo había fuerzas muy diversas, incluso opuestas, y prácticamente lo único que las unía era que todas se consideraban católicas. De modo que el régimen se declaró confesionalmente católico, trató de aplicar las directrices sociales de la Iglesia y esta se convirtió en un pilar esencial del régimen… hasta el Vaticano II. Se ha dado la gran paradoja histórica de que el franquismo salvase del exterminio a la Iglesia, la salvase literalmente, físicamente, y que la Iglesia le abandonase, denunciase la confesionalidad y prefiriese, en los años 60, el diálogo con el marxismo. Es que no solo se declaró neutral, sino que sectores importantes eclesiásticos pasaron a apoyar el terrorismo, los separatismos, a partidos comunistas. Incluso alguno de ellos muy radical, maoísta, salió directamente de organismos eclesiásticos.

Así que, al estar privado de respaldo ideológico, el franquismo no podía continuar, no podía institucionalizarse. Ello aparte de que la figura del propio Franco era difícil que se repitiera, y había sido un elemento básico de equilibrio entre las fuerzas políticas del régimen. Por otra paradoja, esa crisis se produjo en la época de mayor éxito exterior del franquismo, en los años 60, cuando España se convirtió en uno de los países de más rápido crecimiento económico del mundo… Realmente, el franquismo salvó a la Iglesia, y en gran medida la Iglesia lo hundió. No siempre las autoridades eclesiásticas aciertan, y la realidad es que desde el Vaticano II la Iglesia ha retrocedido en gran parte del mundo, sobre todo en Europa y en la misma España.

Esa tesis puede muy bien invertirse, diciendo que no fue el franquismo, como usted dice, sino la Iglesia, la que abrió paso a la democracia.

R.  Tampoco es cierto. La oposición al régimen nunca fue democrática, eso está clarísimo, y que sectores de la Iglesia la apoyaran no dice mucho a favor de ese supuesto democratismo de la Iglesia o de sus autoridades… Lo he estudiado en La Transición de cristal, y repetido en Los mitos del franquismo  Las condiciones para una democracia que funcionase, no como la república, las creó el franquismo, no la Iglesia, aunque la Iglesia lo defendiese  durante los primeros veinticinco años…


R.No, la Iglesia no ayudó a traer la democracia y sí apoyó a la ETA, a los separatistas y a los comunistas, como digo. Parte de ella los apoyó y el resto no opuso una resistencia eficaz a esas colaboraciones.  Es decir, ayudó a resucitar problemas que en gran medida estaban superados. Esa es la realidad histórica, guste o no. Y pagó un alto precio por ello, porque, desde luego, sus beneficiarios no lo agradecieron lo más mínimo, y el desconcierto entre los creyentes generó grandes retrocesos del catolicismo en España, como está a la vista. Yo, sin ser creyente, lo lamento, porque en cualquier caso el catolicismo es base fundamental de nuestra cultura.

El retroceso de la Iglesia no se limitó a España, no pudo deberse a eso…

R. Claro, fue un fenómeno mundial. Parte de la Iglesia llegó a contaminarse de marxismo, y eso se ha notado en toda Europa y en Hispanoamérica. Teología de la liberación y esas cosas. Pero en España fue especialmente grave, porque el franquismo había salvado a la Iglesia del exterminio, insisto en ese punto crucial. La Iglesia, sus rectores, tenían un deber moral muy fuerte hacia el franquismo, que tanto la benefició. Podían haber relajado los lazos que le unieron al régimen en una primera etapa, irse distanciando progresivamente, sin romper ni apoyar precisamente a quienes casi la habían exterminado. Pero no obró así. En Los mitos del franquismo toco bastante esos temas clave, que casi ningún otro historiador ha valorado en su importancia real. Y esa falta ya vicia todos los análisis. Se habla despectivamente del “nacionalcatolicismo” y cosas de esas, sin entender su significado. La oposición al franquismo fue totalitaria, terrorista o separatista, era también muy débil, pero la Iglesia la fortaleció.

Visto aquí y aquí.

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