Mary Wagner: la “Juana de Arco” de la vida, sola contra el genocidio de los no-nacidos

Nota: los tachados son nuestros.

por María Teresa Moretti

Vivimos en un mundo al revés. Pocas dudas caben de que esta inversión es producto de lo que se llamó, en el ya lejano siglo XX, eclipse de la razón y, sobre todo, de la perversión de la fe. Y la perversión siempre es pérfida, como la etimología nos enseña. Además sabemos, por la sana y auténtica teología católica que duró desde los Apóstoles hasta el Concilio Vaticano II, que de este tipo de inversiones el artífice es el diablo. Pues, en este vuelvo de 180º, resulta que la Iglesia, antaño paladina de la defensa a ultranza de la vida, es ahora el brazo derecho de ese poder mundialista que financia muchos genocidios (por no decir todos), siendo el de los no-nacidos el más indiscriminado y feroz.

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La necesidad de ser pesimistas en nuestro tiempo

Yo lo que reivindico es la necesidad de ser pesimistas en nuestro tiempo. A veces desde la propia Iglesia, desde sus jerarquías –siempre propensas a la componenda–, se dice: «No tenemos que ser profetas de calamidades». ¿Pero cómo qué no? ¿Qué fue Jesucristo? ¡Un profeta de calamidades! Estaba todo el día lanzando advertencias sobre los males que nos aguardaban. Tenemos que tomar el látigo y fustigar a nuestra época. Hay una especie de connivencia para expulsar a quien se percibe como profeta de calamidades, y también esto tiene mucho que ver con la infiltración ideológica que sufrimos los católicos, y es que se tiende a confundir el optimismo –que es un estado de ánimo ilusorio generado por la ideología– con la esperanza, una virtud teologal. Y el pesimismo, condenado por el sistema, se confunde con la desesperación, que naturalmente es un tenebroso abandono de las virtudes cristianas. Pero yo creo que los pesimistas somos los auténticos portadores de la esperanza. Porque solamente a través de un juicio implacable de las realidades naturales es posible crear un hueco en donde las realidades sobrenaturales tengan cabida e inyecten esperanza en las realidades naturales. Hoy un juicio optimista de la realidad, aparte de ser una absoluta deshonestidad intelectual, genera un blindaje contra las realidades sobrenaturales.

Juan Manuel de Prada

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